La preferencia de una persona por el olor corporal de otra depende, en alguna medida, del género y la orientación sexual de ambas. Tanto a una mujer como a un hombre, sea heterosexual o homosexual, lo más probable es que su olfato le guíe como a un sabueso, hacia personas con sus mismas inclinaciones. Ello se debe a nuestro sexto sentido.
De acuerdo a las últimas investigaciones, este sentido no sólo permite percibir los olores de los objetos y el mundo que nos rodean, sino también que nos sintamos más o menos atraídos por nuestros congéneres, provocando amores a “primera olida”, en vez de a primera vista.
Las hormonas denominadas feromonas causan respuestas de defensa o de deseo sexual en muchos animales, y en 2000 un equipo de investigadores estadounidenses anunció que habían identificado el gen que, creen, dirige al receptor humano de feromonas en la nariz, el órgano vomeronasal u OVN.
Según el estudio sueco, la exposición a la testosterona, la hormona sexual masculina, causó respuesta en las porciones del cerebro involucradas en la actividad sexual en las mujeres heterosexuales y los hombres homosexuales, pero no produjo reacciones en los varones heterosexuales.
Además de avalar la presunción de que el cerebro de los homosexuales es diferente del de los heterosexuales, el estudio fortalece la evidencia de que los humanos responden a las feromonas, compuestos conocidos por afectar el comportamiento animal, en especial durante el apareamiento, pero cuyo papel en la actividad humana ha sido cuestionado, según los expertos.
LOCOS POR LAS FEROMONAS:
La feromona masculina es un derivado de la testosterona, llamado AND y se detecta principalmente en el sudor de los hombres. La sustancia femenina correspondiente se denomina EST.
Según la doctora Martins, aún hay que “comprender de qué modo los mecanismos biológicos responsables de la producción del olor corporal difieren en estos grupos definidos por género y preferencia sexual".
Las feromonas son unos compuestos químicos denominados esteroides, que modulan la sexualidad de la mayoría de los seres de la escala animal, tanto invertebrados como vertebrados.
Hasta hace poco se creía que no significaban prácticamente nada para el ser humano y que su receptor, el órgano vomeronasal, era un vestigio inservible y sin aparente conexión con el cerebro.
Pero investigaciones recientes sugieren que tanto los compuestos químicos como las dos diminutas fosas situadas sobre el tabique nasal que los captan, son mucho más activos y funcionales en los humanos de lo que se creía.
A finales de la década de 1980, expertos norteamericanos de la Universidad de Utah, en Salt Lake City, demostraron mediante técnicas de microelectrodos que existían ciertos cambios de voltaje en las células del órgano vomeronasal humano.
Estos cambios de voltaje eran más acusados cuando al varón se le sometía a una feromona femenina y viceversa. Esto sugiere que este compuesto químico altera la respuesta de los sexos.
En 1976, investigadores del Instituto de Cancer Sloan Kettering de Nueva York observaron que los ratones preferían aparearse con hembras que tuvieran un conjunto de proteínas denominadas MHC, las cuales son vitales para el sistema inmunológico. Los roedores machos fueron capaces de oler literalmente el MHC en las hembras y elegir su pareja en consecuencia.
Parece que los seres humanos no son una excepción. En 1995, Claus Wedekind y sus colegas de la Universidad de Bern, pidieron a las estudiantes que oliesen camisetas sin lavar de hombres desconocidos y que las clasificaran según lo placentero que les resultaran los olores.
Los resultados por estadística mostraron que las mujeres encontraban más agradable el olor de hombres con MHC diferente al suyo. Lo curioso es que si las mujeres estaban tomando la píldora preferían el olor del mismo MHC que el suyo.
Otras investigaciones sugieren que aunque los hombres no sean conscientes de que una mujer esté ovulando, responden con un incremento de testosterona.
Lo ha comprobado la doctora Astrid Jutte, una investigadora del Instituto Ludwiwigg Boltzmann de Viena, Austria, que estudió a un centenar de hombres, divididos en 4 grupos.
A tres de los grupos se les pidió que inhalaran uno de los ácidos grasos presentes en las secreciones vaginales durante las distintas etapas del ciclo menstrual. Una muestra correspondía a la ovulación, otra a la menstruación y la tercera a otro momento diferente en el ciclo. El cuarto grupo inhaló vapor de agua.
La doctora Jutte encontró que los niveles de testosterona en la saliva de los hombres expuestos al olor de la ovulación aumentó el doble, mientras que los niveles de los que olieron vapor de agua se redujeron a la mitad y los de los otros dos grupos aumentaron ligeramente.
Para algunos científicos estos trabajos sugieren que las feromonas y el OVN juegan un papel activo en la sexualidad humana. A otros, tales afirmaciones no les huelen demasiado bien. ¿Para usted, quiénes tienen razón?, ¿qué le dice su olfato...?.
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